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Radio Reloj en la Televisión Cubana


Radio Reloj. Foto Radio Progreso

LA HABANA, Cuba.- El pasado martes nueve tuve la ocasión de ver una nueva entrega de Televisando la Radio, por el Canal Educativo. Como afirma poéticamente un portal oficialista, ese programa “brinda al televidente la posibilidad de conocer los semblantes tras los micrófonos de las cabinas radiales”; su objetivo es “adentrarnos en este misterioso planeta de voces sin imágenes”.

Durante sus años de existencia, el programa televisivo ha consagrado ciclos a diferentes emisoras: Radio Progreso, Radio Rebelde, la CMBF, Radio Metropolitana, la COCO, Radio Taíno. Hasta ahí, nada digno de resaltar. Las transmisoras “fundadas por la Revolución” no tienen un referente precedente con el que equipararlas. Las creadas “en la otra era” efectúan ahora, en esencia, una actividad equivalente a la que hacían ya antes de 1959 (excluyendo, claro, los noticiarios).

Pero hete aquí que la entrega televisiva del pasado martes sirvió para comenzar un ciclo dedicado a Radio Reloj (RR), transmisora adscrita al Circuito CMQ, que enarbolaba con orgullo un leimotiv presuntuoso, mas veraz: “Si es nueva, la tiene Radio Reloj”. Y en este tema sí hay material de más para establecer comparaciones, nada convenientes a los tiempos que corren. Como se supone que RR sea un noticiario permanente, la diferencia entre el ya antes y el después es abisal.

La transmisora que da “la hora y noticias cada minuto” empezó a trasmitir el primero de julio de 1947. Ella fue fruto de la iniciativa de 2 de los más señalados empresarios cubanos en ese campo: Goar Mestre, como dueño, y Gaspar Pumarejo, que en aquella temporada era subordinado y cooperador del primero.

Apenas un par de meses y medio tras su fundación, la joven transmisora se transformó en punto de referencia de los radio oyentes cubanos; o bien, cuando menos, de los residentes en la capital. El 15 de septiembre de 1947, en el Reparto Orfila, de Marianao, se encararon a balazos, a lo largo de horas, 2 destacamentos contrincantes.

Se trataba de conjuntos que entonces eran conocidos por una denominación eufemística: “grupos de acción”. En realidad, gavillas gangsteriles que se disputaban “las mieles del poder”. Sus jefes habían participado de alguna forma en la lucha contra el régimen déspota de Gerardo Machado y los gobiernos siguientes. Por esa razón, se creían con derechos “ganados en la Revolución”.

En 1944 , tras el triunfo electoral del Partido Auténtico y la toma de posesión del doctor Ramón Grau San Martín, consideraron llegada su hora. Y efectivamente el nuevo inquilino del Palacio Presidencial habanero no los defraudó. Los “revolucionarios” de otrora recibieron uniformes, grados de oficiales y cuotas de poder.

Los conjuntos enfrentados en Orfila —por ejemplo— eran 2. Uno —el de los sitiadores— estaba encabezado por el comandante Mario Salabarría, jefe del Servicio de Investigaciones y también Informaciones Extraordinarias. El otro era dirigido por el líder de la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR), “grupo de acción” del que formó parte un entonces muy joven Fidel Castro. Se trataba de Emilio Tro, transformado, decreto presidencial a través de, ¡en directivo de la Academia de la Policía Nacional!

Pero volvamos a nuestros colegas de la incipiente Radio Reloj. Quiso la casualidad que, al instante de iniciarse la refriega (al borde de las 3 de la tarde), anduviera por el Reparto un vendedor de anuncios de la CMQ, Walterio Voigt. El avispado mercader se convirtió de forma instantánea en cronista y, desde un teléfono público, empezó a trasmitir al joven medio informaciones sobre lo que sucedía.

Ese día, la transmisora brincó ipso facto al estrellato y a la preferencia del público, y empezó a utilizar 3 oraciones de identificación que se transformaron asimismo en su sello característico: “La nueva en acción”, “El minutero informa” y “Radio Reloj reportando”.

Al sitio asimismo llegó el intrépido camarógrafo Eduardo Hernández Toledo (“Guayo”), que con coraje de corresponsal de guerra grabó escenas recordables de la batalla urbana. Pero eso sería tema de otro trabajo periodístico. El hecho es cierto que un testigo presencial comentó: “Siempre pensé que la expresión ‘cortina de fuego’ no era más que una oración literaria; ahora sé que es una horrible realidad”. Es decir que Voigt y “Guayo”, como se afirma en buen cubano, se la jugaron.

Creo que los acontencimientos de Orfila reflejan en forma fenomenal a la Cuba de aquella época: a veces anárquica y hasta un tanto anárquica, mas asimismo libre y vibrante. Quienes efectuaron el documental sobre RR en Televisando la Radio, ¿no se dieron cuenta de las inmensas diferencias con la Cuba de el día de hoy!

Supongo que sí. Al menos, al mentar el leimotiv de la transmisora, no tuvieron el decoro de citarlo completo: “Si es noticia…”. Los puntos suspensivos fueron su hoja de vid. En realidad, hubiese resultado excesivo reproducir la oración enteramente cuando si algo caracteriza a la transmisora actual es que, si bien lleva exactamente el mismo nombre de aquella, se trata de una cosa fundamentalmente diferente. Incomparablemente inferior.

Por supuesto que, el día de hoy en día, solo un orate sintonizaría Radio Reloj para enterarse de un acontencimiento del instante. Una cobertura como la de los acontencimientos del Reparto Orfila sería impensable. Esa transmisora, en la actualidad, solo transmite lo aprobado anteriormente por los burócratas del Departamento Ideológico del Comité Central.

Ella nada debe ver con aquella otra, diferente, en los tiempos de Grau, Mestre, Pumarejo, Voigt y “Guayo”, cuando Cuba (como cualquier otro país) tenía, sí, múltiples inconvenientes y padecía ocasionales desgracias, mas avanzaba, era libre y reía.

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