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El triste privilegio de la revista Verde Olivo


Revista Verde Olivo (Foto Granma)

LA HABANA, Cuba. – Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) fue la primera corporación militar en América Latina que contó con su órgano de prensa: la revista Verde Olivo.

Verde Olivo, que es el medio oficial de las FAR como el diario Granma lo es del Comité Central del Partido Comunista  – desde principios de los años 60, entonces de poner la prensa bajo el control estatal, el régimen rifó las gacetas y periódicos entre sus instituciones y las llamadas “organizaciones de masas”-  ostenta asimismo otro  privilegio, triste y bochornoso: el de ser la revista, para colmo castrense, que más deplorable papel ha jugado contra la cultura de su país.

En efecto, fue en las páginas de Verde Olivo donde se generó, en 1968, el disparo de arranque de la cacería de brujas contra los intelectuales que conduciría, poco más de un par de años después, a la apoteosis anticultural famosa como el Quinquenio Gris, el periodo más obscuro que han atravesado el arte y la cultura nacional.

Ese disparo de arranque al que nos referimos fueron los artículos firmados por Leopoldo Ávila, vitriólicos ataques contra múltiples de los primordiales escritores cubanos, que comenzaron a aparecer en Verde Olivo en el mes de noviembre de 1968,  a raíz de la premiación por la UNEAC de Heberto Padilla y Antón Arrufat y la consecuente perreta oficial (demandas de complot, presiones a los miembros del jurado, coletilla y recogida de libros incluídas).

Aquellos artículos de Leopoldo Ávila eran como los ladridos del can primordial de la jauría de rancheadores: señalaban exactamente en qué sentido y contra quiénes iba enfilada la prosecución.  Podía ser acusado de desviado ideológico, de aburguesado, de homosexual, de contrarrevolucionario, y todavía peor, de estar al servicio de la CIA,  todo escritor  que se  saliese un milímetro de los estrechos límites de lo que los comisarios consideraban “dentro de la revolución”.

En ciertos de aquellos coléricos  artículos de Leopoldo Ávila llegaron a sentenciar que Guillermo Cabrera Infante y Virgilio Piñera eran “autores irrelevantes”.

Leopoldo Ávila era un pseudónimo tras el que se protegían el teniente Luis Pavón, que era el directivo de la revista, y  José Antonio Portuondo, uno de los más eficientes amanuenses que tuvo el castrismo (fue asimismo el creador de la coletilla impuesta a “Fuera del Juego” y “Los 7 contra Tebas”).

¿Puede imaginar cosa más absurda y ridícula que el órgano de prensa de un ejército, que hasta solo unos años ya antes había sido una guerrilla montuna, la mayoría de cuyos jefes eran casi incultos, ocupándose de valorar a los escritores de un país?

Si en otro país se llegó a un extremo tal, probablemente fue en la Unión Soviética de Stalin o bien en la China de Mao.

Recordemos que unos años ya antes, el 11 de abril de 1965, fue exactamente en Verde Olivo donde Ernesto “Che” Guevara, que no era uno de aquellos guerrilleros semianalfabetos, sino más bien un hombre culto, mas extremista y entusiasta,  publicó “El socialismo y el hombre en Cuba”, donde atribuía a los intelectuales su pecado original: no ser combatientes de la Revolución.

Verde Olivo, que por estos días está de aniversario, el número 60 -fue fundada por Raúl Castro el 10 de abril de 1959- prosigue ahí. Resistió el Periodo Especial, cuando por falta de papel todos los jornales, incluido Granma, debieron reducir el número de páginas, muchas gacetas debieron cerrar (aun Moncada, la revista del MININT), las editoriales estuvieron a punto de morir y escaseaban las libretas y los libros escolares.

Ahora, que de nuevo por falta de papel Granma vuelve a tener menos páginas y Juventud Rebelde no va a salir todos los sábados, Verde Olivo prosigue sano, sin reducciones de tirada, portada mejorada y números singulares dedicados a Fidel Castro, Che Guevara o bien algún aniversario redondo del castrismo. No importa si prácticamente absolutamente nadie lee la revista, como tampoco prácticamente absolutamente nadie ve el programa FAR Visión que últimamente ha vuelto a la pantalla televisiva.

Al generalato -que no deja de desempolvar sus cacharros de la era soviética y prepararse para la guerra, ya no tanto contra los  yanquis, sino más bien contra “grupos contrarrevolucionarios armados”, como han dicho en ciertas de las emisiones del NTV, donde notifican diariamente sobre estos absurdos ejercicios en unidades militares que jamás identifican-  no se le puede privar del placer de tener su revista y un programa televisivo.

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